Me levanté un poco antes de las 5 de la mañana, quería estar temprano en el sepelio de mi amigo Cuauhtémoc Ayala. Fue bueno porque llegue a casa de mi amigo a las 7:30 am, y eso permitió que pudiera platicar con Fabio, hermano de mi amigo, antes que llegara nadie.
La famila decidió velarlo ahí mismo en su casa. El velorio fue armónico y tranquilo, llegaron la mayoría de los muy cercanos amigos. Esa fue una cualidad de Cuauhtémoc, saber hacer amigos y «cultivarlos» le oi decir a una de sus tías.
Había pensado estar unas dos horas ahí, pero conforme fue pasando el tiempo fui decidiendo quedarme.
En camino a Cuernavaca pensé que no vería su cadáver, pero cuando llegó el ataúd y lo pusieron enmedio de la sala, cruzó, fugazmente por mi mente la idea de enfrentar la muerte, y vi su cadáver, se veía digno, pero nunca habrá un cadáver bonito. Se que eso no era él, el misterio de la vida ya no estaba ahí. Pero lo que si estaba ahí y permanecerá siempre en mí, son todas las vivencias compartidas.
Gracias al privilegio de estar vacunado, y a qué la mayoría de los amigos mutuos somos sexagenarios pudimos, estrecharnos las manos y abrazarnos, cosa que no habíamos podido hacer por más de un año.
Me regrese hasta que se llevaron a cremar el cuerpo. Decidí cancelar las citas que tenía por la tarde y tomarme el día para estar tranquilo.
Llegué a casa y estuve conversando con toda mi familia.
Un poco antes de dormirme comentaron en el grupo de ciclismo del Whatsapp, de un compañero que se accidentó en la bici y ponían una liga al Facebook, no podía entrar, así que le hablé al susodicho, me dijo que él estaba bien y contento, aproveché para saludarlo y agradecerle su apoyo en La Ruta Chichimeca 2021. Más tarde supe que el accidentado era un hominimo, ya sólo le envié un mensaje de ánimo.
Hasta mañana.
1 comentario:
#hominimo
Publicar un comentario