Supongamos que encuentras algo que puedes hacer una vez al día para reducir la ansiedad y aumentar tu satisfacción. Supongamos, además, que ese producto tiene una gran variedad de efectos secundarios, todos buenos: aumento de la autoestima, empatía y confianza; incluso mejora la memoria. Supongamos, finalmente, que el producto es totalmente natural y no cuesta nada. ¿Lo aceptarías? El producto existe. Es la meditación.
Hoy por la mañana desayuné con mi amigo Javier Aguirre, coincidimos en la fonda con Rafael Gamboa "El pelón", cantautor muy conocido por estos lares e hijo de un inteligente y estimado amigo de nosotros y de Bill, el querido Alfonso Gamboa (RIP). Me preguntó si yo seguía pedaleando; le contesté que, por supuesto, sí. Nos comentó que él recién había empezado a pedalear en compañía de su hijo de 11 años y que le parecía que andar en bicicleta era como una especie de meditación.
Sobre la meditación se habla y se escribe mucho, se le ha vestido de túnicas y cubierto de largas barbas, se le pretende explicar con lenguaje críptico, misterioso y sofisticado. En realidad, la meditación es una cosa tan simple que, por su simpleza, se duda que brinde tantos beneficios.
En pocas palabras, la meditación es la práctica del enfoque de la atención. Una de las capacidades de la mente es "la atención", pero como usted podrá comprobar, esa capacidad la tenemos muy pobremente entrenada y nuestra mente anda danzando por dónde ella quiere y no en el lugar que nosotros quisiéramos por nuestro propio beneficio. Los orientales dicen que nuestra mente es como un chango salvaje en un enorme jardín; el chango anda por todos lados y apenas se queda quieto en algún lugar.
Pues la meditación es la que va a entrenar a que el chango se quede dónde nosotros lo requerimos. Entonces, puedes tomar un buen taller de meditación con alguien que realmente sepa darlo. La buena noticia es que si no sabes dónde tomar el taller o no tienes los recursos o el tiempo, puedes andar en bicicleta.
Cuando andas en bicicleta, la bicicleta centra tu atención en el camino y el equilibrio, tus sensaciones corporales, el clima, objetos puntuales, un árbol, las vacas. En la bici, muy difícilmente vas a pensar tonterías porque, si te distraes con la deuda de la tarjeta, la infidelidad de tu amorcito o las críticas de tu vecino, un golpe contra el piso te enseñará a enfocar tu atención en lo que estás haciendo en el momento.
Por último, la meditación es una de las mejores medicinas que hay, pero sus efectos beneficiosos tardan un poco en sentirse. Prueba pedalear un mes y nos platicas.