A nuestra generaci贸n le toc贸 el surgimiento del internet con sus grandes beneficios junto con sus enormes problemas. Una de las bondades que nos encant贸 al conocer el internet fue que, una vez conectados, la mayor铆a de las cosas no costaban dinero adicional. Pronto nos dimos cuenta de que ¡no eran gratis!
Entonces llegaron las redes sociales, al principio, cosa de adolescentes: fotos, mensajes cortos e insulsos, nada de qu茅 preocuparnos, pens谩bamos. Pero "no hay tal cosa como un desayuno gratis", dicen los gringos. Alguien tiene que pagar lo que cuesta dise帽ar, producir y mantener una red social, ¡la publicidad! Pero para que sea rentable contratar publicidad con ellos, primero tienen que tener una audiencia numerosa.
As铆, las redes sociales est谩n dise帽adas para hacer crecer su audiencia y mantener a sus usuarios conectados a ellas el mayor tiempo posible. Hemos llegado a una etapa llamada la "Econom铆a de la atenci贸n", en la que las empresas compiten por nuestra atenci贸n. El asunto se vuelve siniestro cuando nos enteramos de que estas empresas gastan miles de millones de d贸lares y tienen a su servicio a un ej茅rcito de ingenieros para captar y retener nuestra atenci贸n. En pocas palabras, las redes sociales est谩n dise帽adas para causar adicci贸n. Por esa raz贸n, altos ejecutivos y algunos due帽os de estas empresas, como Steve Jobs de Apple y Bill Gates de Microsoft, han limitado el acceso de sus hijos a ciertos dispositivos electr贸nicos.
El internet y las redes sociales llegaron como la imprenta y la m谩quina de coser, para quedarse. El reto es para nosotros lograr usarlas en nuestro provecho y evitar ser presas de una adicci贸n. No es un reto menor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario