martes, 5 de diciembre de 2023

Trazando el Camino Estoico: Reflexiones sobre la Resiliencia y la Virtud en las Oraciones de los Estoicos

Todas las religiones recomiendan la práctica de la oración como una herramienta para la conección y el bienestar espiritual. 
El estoicismo no es una religión sino una filosofía sin embargo también recomienda la oración.
A continuación una selección de oraciones que sobresalientes estoicos han practicado: 

"«Envía, Zeus, la circunstancia que quieras, pues tengo los recursos que tú me diste y los medios para señalarme por medio de los acontecimientos». Epicteto , "Disertaciones por Arriano", libro I, cap. VI, § 37-39.

Oración de Cleantes citada por Séneca en la epístola a Lucilio 107
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«Conduceme, !oh padre, señor del encumbrado cielo!, doquiera te plazca: nada me retiene para obedecerte; aquí estoy sin vacilar. Mas supónte que me resista, te acompañaré entre lamentos y, contrariado, soportaré lo que he podido realizar complacido. Al que está resuelto los hados lo conducen, al que se resiste lo arrastran.»
Cleantes
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Declaración de vida 
Yo veré la muerte con la misma cara con que oigo hablar de ella; yo me someteré a los trabajos, por grandes que sean, sosteniendo el cuerpo con el ánimo; yo despreciaré igualmente las riquezas presentes y ausentes, y no estaré más triste si están en otro lugar, ni más animosos si brillan a mi alrededor; yo no seré sensible a la fortuna, ni cuando llegue ni cuando se aparte; yo miraré todas las tierras como mías, las mías como de todos; yo viviré como quién sabe que ha nacido para los demás, y daré gracias por ello a la naturaleza de las cosas: pues, ¿cómo podía arreglar mejor mis asuntos?, me ha dado a mí sólo para todos, a todos para mí sólo.

Cuando tenga, ni lo guardaré con avaricia ni lo derrochare pródigamente; nada creeré poseer mejor que lo que haya dado bien; no mediré los beneficios por su número ni por su peso, ni por otra estimación que la del que los reciba. Nunca será para mí mucho lo que reciba un hombre digno.

No haré nada por lo opinión, todo por la conciencia: creeré que hago a los ojos del pueblo aún aquello de que sólo yo sea testigo. Al comer y al beber, mi fin será satisfacer los deseos naturales, no llenar el vientre y vaciarlo. Afable para mis amigos, suave indulgente para mis enemigos, cederé antes de que me rueguen y me adelantare a las peticiones honestas.

Sabré que mi patria es el mundo y que los dioses lo presiden, y éstos están por encima de mí y en torno mío, como sensores de mis hechos y mis dichos. Y cuando la naturaleza reclame mi espíritu o mi razón lo despida, me iré con el testimonio de haber amado la conciencia recta y las buenas inclinaciones, sin haber mermado la libertad de nadie, y menos la mía. Séneca

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«Al amanecer, dite a ti mismo: me voy a tropezar con un indiscreto, un desagradecido, un insolente, un envidioso, un insociable. Todo esto les sucede por su ignorancia del bien y del mal. Pero yo que he visto la naturaleza del bien, que es lo bello, y la del mal, que es lo vergonzoso, y la del mismo que comete la falta, que es de mi género, partícipe no de la misma sangre o semilla, sino de la mente y de una partícula divina, no puedo sufrir daño por obra de ninguno de ellos, pues ninguno me cubrirá de vergüenza; y no puedo enfadarme con un pariente ni odiarlo, porque hemos nacido para una tarea común, como los pies, como las manos, como los párpados, como las hileras de dientes superiores e inferiores. De modo que obrar unos contra los otros va contra la naturaleza y es obrar negativamente enojarse y volverse de espaldas». Libro II, 1

1. Al despuntar la aurora, hazte estas consideraciones previas: me encontraré con un indiscreto, un ingrato, un insolente, un mentiroso, un envidioso, un insociable. Todo eso les acontece por ignorancia de los bienes y de los males.
Marco Aurelio 

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(Oración a los dioses) Pídeles rectitud de la mente, buena salud del alma y luego también del cuerpo. 
Séneca

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Orar  
“Toda su oración se reducía a pedir a los Dioses lo bueno, convencido de que ellos saben de buen saber qué es lo bueno.” (De cómo oraba Sócrates) Jenofonte, Recuerdos de Sócrates, UNAM, México, 1965, pp. 23,24. 
                    




                    
                                                                                                
                                                                                                                                                                                            
                                                                                                      
                                                                                   
             

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